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Bud Selig: el Comisionado que cambió al beisbol

Legado de integridad, tecnología, globalización y crecimiento

Bud Selig

Bud Selig



Bud Selig es valorado por muchos como el mejor Comisionado de Grandes Ligas en la historia del beisbol. Me siento cómodo al sumarme a esa corriente de opinión, aunque me agradaría más calificarlo como el hombre que impulsó la mayor cantidad de cambios positivos en el juego en tiempos modernos, además de enfrentar con éxito situaciones complejas y difíciles, desde la máxima oficina de la Major League Baseball (MLB).

Selig, quien actuó en condición de Comisionado desde el 7 de septiembre de 1992, entregará esa responsabilidad, el lunes 26 de enero de 2015, a una persona que podemos considerar alumno suyo: Rob Manfred. Es obvio suponer que con su elección, efectuada el pasado 14 de agosto de 2014, los propietarios de los clubes de Grandes Ligas esperan que de continuidad al legado de su antecesor, el cual construyó durante casi 22 años.

Selig irrumpe como Comisionado

En la temporada 1990, las relaciones entre los dueños de clubes y el entonces Comisionado Fay Vincent no eran buenas por la forma como él manejó la huelga de peloteros de ese año y los contratos de televisión. Luego, en 1992, Selig y algunos otros como Jerry Reinsdorf (Medias Blancas de Chicago), Peter O’Malley (Dodgers de Los Ángeles) y Stanton Cook (propietaria de los Cachorros de Chicago), forzaron la renuncia de Vincent, tras recibir voto de censura 18-9.

Selig, quien era dueño del equipo Cerveceros de Milwaukee, había estado al frente del Comité de Relaciones con los Jugadores, cuya experiencia previa tal vez sirvió para designarlo Presidente del Consejo Ejecutivo de Grandes Ligas, en calidad de comisionado, entre 1992 y 1998, hasta que el 9 de julio de ese último año fue electo de manera oficial Comisionado de la MLB.

Cuando Selig asumió la máxima representación del beisbol de Grandes Ligas, le dijo a su esposa Suzanne que eso sería sólo por dos o máximo cuatro meses, pero permaneció ahí hasta el 25 de enero de 2015, es decir, más de dos décadas. Incluso, va más allá, porque una vez que entrega el cargo se le consigna el título de Comisionado Emeritus, con facultad de asesorar a Manfred, y salario de 6 millones de dólares al año.

Después de la tormenta viene la calma

Los primeros años de Selig no fueron nada fáciles. De hecho, no resultaba muy simpático para algunos propietarios, además de tener que lidiar con algunas situaciones que hicieron tambalear a Vincent. Me atrevería a decir que lo más complicado que vivió al frente de la MLB fue la huelga de jugadores que se extendió desde el 12 de agosto de 1994 hasta el 2 de abril de 1995, el octavo paro laboral en la historia del beisbol de Grandes Ligas y en su momento el cuarto en 22 temporadas.

Sin embargo, Selig resistió ese conflicto, la huelga más larga en términos de tiempo (232 días) que haya vivido el beisbol de ligas mayores, que tuvo como nefastos resultados la cancelación de toda esa campaña de 1994, la suspensión de los juegos de postemporada, incluyendo los de la Serie Mundial, la cual se dejó de realizar por primera vez en 90 años.

Tras la tormenta, llegó la calma, pero había muchos escombros por recoger. En los primeros días de la temporada de 1995, los aficionados estuvieron alejados de los estadios (la asistencia cayó en 20%), y se desplomó el rating de los partidos transmitidos por televisión. Finalmente, Selig desde la oficina del Comisionado logró restablecer las relaciones con los actores del juego (se firmaron convenios labores con los peloteros en 2002, 2006 y 2011), el público regresó a los parques y los equipos incrementaron su valor gracias a convenios regionales de TV.

El impacto de la gestión de Selig

La palabra crecimiento describe de mejor manera el desempeño de Selig como Comisionado de Grandes Ligas. A lo largo de 22 años introdujo cambios de formato, reglas más adecuadas, impulsó la creación de franquicias, la construcción de estadios, y nadie como él se ha esmerado en globalizar este deporte. Todo eso generó el impacto positivo que hice referencia al principio, pero hay dos aspectos que, a mi manera de ver las cosas, predominan: la integridad del juego y la implementación de las nuevas tecnologías.

A partir de 2005, en la incesante búsqueda de esa integridad, la Major League Baseball y la Asociación de Jugadores de Grandes Ligas pusieron en marcha el Programa Conjunto de Prevención y Tratamiento Antidrogas, a través del cual se han tomado miles de pruebas a peloteros, para detectar la utilización de sustancias prohibidas que incrementen el rendimiento en el juego de béisbol. Muchos quedaron al descubierto en la denominada ‘era de los esteroides’.

Y en menos de una década las penalidades se elevaron de diez a cientos de juegos de suspensión, siendo castigados algunas de las más notables estrellas del beisbol, tales como Ryan Braun y los dominicanos Alex Rodríguez y Manny Ramírez, por sólo citar tres de ellos. El objetivo es dar equidad e igualdad al juego, y obviamente poner coto en la medida de lo posible al empleo de las llamadas sustancias PED (performance-enhancing drugs).

Por otra parte, en agosto de 2008, comenzó a utilizarse el sistema de repetición instantánea para determinar la validez o no de un jonrón. Eso fue muy innovador, pero realmente el beisbol cambió a partir del lunes 31 de marzo de 2014, cuando fue ampliado a gran cantidad de jugadas, para reducir en enorme proporción el componente de error humano en las decisiones arbitrales, con la excepción al cantar las bolas y los strikes. Bajo la dirección de Selig, también se estableció una nueva regla para evitar los choques entre un corredor y el cátcher en el home.

Globalización y transformación

Ahora me toca resaltar la globalización, de la cual Selig dijo que “sigue siendo de suma importancia para las Grandes Ligas”. Él expresó esas palabras poco antes del partido inaugural de la temporada 2014, que se efectuó en el mítico estadio Sydney Cricket Ground, de Australia. Ese fue el séptimo opening day  programado fuera de Estados Unidos durante su gestión. Con anterioridad, se inauguraron campañas en Monterrey, México (1999); Tokio, Japón (2000); San Juan, Puerto Rico (2001), y tres veces más en la capital japonesa en los años 2004, 2008 y 2012.

No sólo construyó los cimientos del Clásico Mundial de Beisbol (World Baseball Classic), sino que también organizó y realizó sus primeras tres ediciones (2006, 2009, 2013). A nivel local, admitió cuatro nuevos equipos: Rockies de Colorado y Marlins de Florida (en 1993); Diamondbacks de Arizona y Devil Rays de Tampa Bay (en 1998), y dio su visto bueno para el traslado de los Expos de Montreal con el nombre de Nacionales a la ciudad de Washington.

De igual forma, Selig estableció un nuevo realineamiento con tres divisiones por cada liga (Americana y Nacional), además de la figura de un comodín o wild card por circuito (1994), y de dos a partir de 2012. Él hizo realidad los juegos interligas limitados a ciertas fechas desde 1997, y durante toda la campaña desde 2013. Introdujo cambios de formato al Juego de Estrellas que incrementaron el interés de ese clásico de mitad del verano.

Con equipos revalorizados, nuevos estadios de beisbol también fueron levantados en Arlington, Arizona, Atlanta, Cincinnati, Cleveland, Colorado, Detroit, Filadelfia, Houston, Miami, Milwaukee, Minneapolis, dos en Nueva York (en Queens y el Bronx), Pittsburgh, San Diego, San Francisco, San Luis, Seattle, San Luis, y Washington, DC, además de una renovación total del Kauffman Stadium de Kansas City. Y la huella de Selig, a quien puedes ver en la foto y el video de esta página, ha quedado en todos ellos.

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