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Lectura sobre Yogi Berra: el sabio del beisbol

Una base por bolas a Ozzie Guillén finalizó su carrera como mánager  

Yogi Berra en su locker del Yankee Stadium, el 10 de abril de 1961. (Foto National Baseball Hall of Fame Library)

Yogi Berra en su locker del Yankee Stadium, el 10 de abril de 1961. (Foto National Baseball Hall of Fame Library)

Un 22 de septiembre debutó en Grandes Ligas, y un 22 de septiembre se despidió físicamente de este mundo, en el cual permanecerá por siempre en los recuerdos del beisbol, en la memoria de los aficionados y en la historia de un país. Siete días después de su fallecimiento a los 90 años de edad, el legendario Yogi Berra fue honrado durante un funeral privado en Montclair, Nueva Jersey, en el cual Joe Torre expresó sentidas palabras que describieron muy bien cómo era este sabio jugador.

“Él era tan bueno. Él era tan bueno, y él era tan honesto, y él era tan real y tan humano”, dijo Torre en el referido servicio del martes 29 de septiembre, en la Iglesia de la Inmaculada Concepción de Montclair. “Celebramos su extraña habilidad para hacer sonreír a la gente, incluso a aquellos que realmente no se preocupan por el beisbol. También celebramos que él y Carmen están juntos de nuevo”.

Torre se refiere a Carmen Corto, una bonita camarera que Yogi conoció en julio de 1948, cuando le sirvió el almuerzo en un restaurant de San Luis, cuya co-propiedad era de Stan Musial. Seis meses después, el 26 de enero de 1949, Carmen y Yogi contrajeron matrimonio, teniendo como padrino a su amigo Joe Garagiola, para permanecer casados 65 años hasta la muerte de ella en 2014. Ambos tuvieron tres hijos: Larry, Tim y Dale, dos ex jugadores de beisbol, y uno de fútbol americano.

Acto seguido, Torre agregó: “Yogi, fuiste un campeón en cada uno de esos 90 años”. En la Iglesia escuchaban personajes del beisbol, de los Yankees y de la ciudad de Nueva York, incluyendo al actual Comisionado de la Major League Baseball Rob Manfred; Dereck Jeter, Reggie Jackson, el ex cerrador panameño Mariano Rivera, Bernie Williams, Jorge Posada; Randy Levine, Brian Cashman, Joe Girardi, el ex alcalde Rudy Giuliani, y jugadores activos del club, quienes reflejaban conmovedor orgullo.

Frases y cifras

Como era lógico de suponer, durante los días que siguieron al fallecimiento de Yogi, se hicieron miles de remembranzas alrededor de este singular jugador de beisbol, los medios de comunicación y las redes sociales se inundaron de los llamados Yogi-isms (Yogismos en español), con cuyo nombre se conocen el sin fin de frases ingeniosas y reflexivas que dejó Berra para la posteridad, las cuales han aparecido en artículos  y en memes… muchos memes con su imagen.

Y sus Yogi-isms no sólo eran relacionados con el beisbol. Una vez sobre un restaurant de San Luis (no sé si el mismo donde conoció a Carmen), dijo lo siguiente: “ya nadie va para allá, siempre está demasiado lleno”. Y tampoco dejó de crearlos para destacar el desempeño de peloteros de otros clubes o para ejercer autocrítica al equipo con el que jugaba. Por ejemplo, sobre el legendario lanzador de los Dodgers de Los Ángeles Sandy Koufax, expresó: “no me extraña que haya ganado 25 juegos, lo que no entiendo es cómo perdió cinco”, mientras que tras una derrota afirmó: “hicimos muchos errores equivocados”.

Y claro, nadie dejó pasar sus 19 años en Grandes Ligas como cátcher y outfielder, de los cuales resalto sus 10 años consecutivos con 20 o más jonrones entre 1949 y 1958; sus tres premios de Jugador Más Valioso en la Liga Americana (1951, 1954 y 1955) sin alcanzar ningún título ofensivo; su participación en 14 Series Mundiales, para ganar 10 de ellas (en el video verás dos de sus jonrones en el clásico de 1956); 18 Juegos de Estrellas en 15 temporadas, la trayectoria como mánager con los Yankees y Mets de Nueva York, su exaltación al Salón de la Fama en 1972 con el 85.6 por ciento de los votos, además de su heroísmo en la Segunda Guerra Mundial.

Reencuentro con el pasado

En ese afán de buscar –y encontrar- ángulos diferentes a las historias, me pareció interesante cruzar la línea del destino de Berra con las de algunos peloteros latinoamericanos, y logré enlazar la suya con la del campocorto venezolano Oswaldo Guillén, vinculado sin quererlo en el final de la carrera de Yogi como mánager en Grandes Ligas, pero antes te llevaré al reencuentro de dos breves crónicas que involucran al pitcher mexicano Jesse Flores y al jardinero dominicano Felipe Rojas Alou.

Berra debutó en las mayores en el primer partido de un doble juego efectuado en el original Yankee Stadium, el domingo 22 de septiembre de 1946. Ese día, el equipo neoyorquino dirigido por Johnny Neun enfrentaba a los Atléticos de Filadelfia de Connie Mack, quien designó como su abridor a Flores, el primer pitcher mexicano en Grandes Ligas y el tercer pelotero de ese país en actuar en la MLB.

Flores, un lanzador derecho nacido en Guadalajara, Jalisco, permitió en el cuarto inning de ese encuentro el primero de los 358 jonrones que bateó Berra en ligas mayores, para impulsar con esa conexión dos carreras determinantes que dieron la victoria a los Yankees 4-3. El pitcher ganador fue mi tocayo Spud Chandler (su segundo nombre era Ferdinand), en ruta hacia su segunda campaña de 20 juegos ganados.

Y otro domingo, el 9 de mayo de 1965 en el Shea Stadium, Yogi jugó su último partido como pelotero activo, cuando fue colocado en el lineup como cátcher y de séptimo en el orden al bate por Casey Stangel, el entonces mánager de los Mets de Nueva. Berra no tuvo mucha fortuna en aquel desafío, al poncharse tres veces en cuatro turnos, en el revés de su equipo ante los poderosos Bravos de Milwaukee, que alinearon ese día a Hank Aaron, Eddie Mathews, al ya mencionado Felipe Rojas Alou y al propio Joe Torre, quien 50 años después lo despedía con esas palabras que cité al principio de este artículo.

¿Cómo es lo de Guillén?

Una vez retirado, Berra incursionó por primera vez como mánager en 1964, en cuyo año logró ganar el título de la Liga Americana con los Yankees, tras conseguir marca de 99-63 en la campaña regular. Sin embargo, los Cardenales de San Luis se llevaron la Serie Mundial con Bob Gibson y Tim McCarver como héroes. Luego, Yogi dirigió a los Mets de Nueva York entre 1972 y 1975, para conseguir ahora el campeonato de la Liga Nacional en 1973, pero una vez más el clásico de otoño fue esquivo para él, su club sucumbió en siete juegos ante los Atléticos de Oakland, que tuvieron en Reggie Jackson su Jugador Más Valioso.

En esa Serie Mundial de 1973 actuaron muchos peloteros latinos por los Atléticos, como el venezolano Gonzalo Márquez, quien salió de emergente cinco veces y conectó tres hits; su coterráneo Víctor Davalillo; el shortstop cubano Dagoberto Campaneris y el outfielder dominicano Jesús Alou, hermano de Felipe, mientras que por los Mets destacó el segunda base puertorriqueño Félix Millán.

Yogi reapareció como mánager en la temporada de 1984, parar logar balance positivo de 87-75 con los Yankees, cuyo equipo lo trajo de vuelta al año siguiente, en el cual Berra vivió una gran decepción: el temperamental propietario del club George Steinbrenner lo despidió en apenas el juego 16 de aquella campaña, para reemplazarlo por Billy Martin. ¿Cuál fue la razón?

Ocurrió el domingo 28 de abril de 1985, con el juego empatado a tres carreras en el cierre del noveno inning, cuando Oswaldo Guillén recibió boleto con tres en bases del entonces abridor de los Yankees Joe Cowley, para impulsar la carrera de Greg Walker desde la antesala, que dejó en el terreno al equipo de Nueva York, para una victoria de los Medias Blancas en el Comiskey Park de Chicago, ante 27.367 aficionados.

Entre sus Yogismos más citados está el de que “el juego no se acaba hasta que se termina”, pero en este caso el resultado de un partido finalizó con la carrera de Berra como mánager. Lo cierto es que Yogi se enojó mucho por la decisión de Steinbrenner (el equipo tenía registro de 6-10 en ese momento), razón por la cual este sabio del beisbol por años no acudió al Yankee Stadium, hasta que se reconcilió con el propietario del club en 1999.

Me pregunto si Ozzie recuerda ese juego, en el que a base de paciencia logró sacar un boleto a Cowley, que resultó determinante para algo más que una victoria de los Medias Blancas.

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